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Sobrinity Manager y campañas electorales

 

En la foto, Michael Robinson, que no se presentaba a nada pero me gusta esta imagen. Además, si pongo los trabajos electorales luego vienen las suspicacias y e, incluso, la posibilidad de perder un seguidor en Snapchat

Hace un par de días realicé una sesión y asesoramiento para una campaña electoral. Bien, esto no es nuevo ni original; lo llevo haciendo años para distintos clientes ya sean partidos políticos directamente o, principalmente para consultores políticos. Sí, consultores políticos, esa nueva especie que ha surgido como setas tras la lluvia, como caracoles tras la tormenta. Con esto no quiero decir que no valore la profesión de consultor político sino que, tras la crisis, han surgido miríadas de consultores entre los que, si no se tiene experiencia, es difícil diferenciar entre auténticos profesionales y diletantes oportunistas. Pero esto merece una reflexión aparte que espero poder escribir en uno de esos días en los que llueve, hace frío, la gente parece hosca y estás al 2% de batería. En fin, a lo que iba: una sesión con una candidata. Lo distinto, y tal vez esperanzador, es que la elección a la que aspira es la dirección de una facultad universitaria. La candidata conocía mi trabajo por referencias de conocidos comunes y su asistencia a un taller de Cooltural Plans donde se hablaba de comunicación política. La candidata ha tenido la valentía y la inteligencia de no dejar en manos de aficionados su campaña electoral. No he encontrado la figura del /amigo, conocido, pareja de, hijo de,sobrino de/, esto es del hermoso y descriptivo oficio del SOBRINITY MANAGER. Todos sabemos a qué se refiere el término porque todos hemos sufrido al hijo de un cliente que cree que sabe algo de algo o, más frecuentemente, todo de todo.

El que te dice que tal foto es demasiado obscura porque ha leído un tratado de propaganda en su taza de desayuno, el que se ha instalado Hootsuite e inmediatamente comienza a hablar de usuarios multiplataforma, funnel de conversión y engagement, el que también escribe discursos o propone una presentación en Power Point; en definitiva, el experto en RRSS que asesora a su tío sobre marketing, campañas y viralidad pero tiene como mucho trescientos seguidores en Twitter, casi todos familia y amigos.

Pues bien, en este caso la fotografía ha sido profesional, la candidata ha aceptado todas las opiniones en lo que a imagen respecta y se ha tomado en serio la campaña pagando de su bolsillo y sin regatear la imagen final para sus imágenes electorales. En dos semanas sabremos si todo su esfuerzo ha merecido la pena si ese extra que da, entre otras cosas, la profesionalidad en el desarrollo de un proceso electoral -nadie gana unas elecciones por una buena foto pero puede ayudar a sumar un pequeño porcentaje de apoyos- ha resultado adecuado. Gane o no me anima y esperanza que cada vez más personas se den cuenta de que el yotengounordenadorymisobrinounacámaraquehacelasfotossolas no sólo no es suficiente sino que es contraproducente.

 

Los resultados, en breve.