La imagen y el carácter

En una sola imagen la mente genera la impresión y su despliegue, tanto hacia el origen del ethos como hacia el futuro y su desarrollo.

 

 

   

 Lo importante no es sólo la verosimilitud, que también, sino la forma en la que el sujeto se acerca a nosotros, se muestra, como en el sello que se muestra como una potencia con un desarrollo que podemos prefigurar. La imagen en este caso, como la poesía, debe mantener una coherencia consigo misma. Una autorreferencia que nos dice si ese mecanismo físico, orgánico y psíquico puede desarrollarse de manera continuada, sin disonancias, sin los traqueteos de un artefacto defectuoso.

Es el motivo por el que una persona se encuentra, toma conciencia de su constitución y antes de saber, siente, que en ese registro se ofrece de una forma coherente en la imagen y ante sí misma.

Se puede rastrear el hilo de lo que uno es a través del tiempo. Las personas que han pasado por el proceso del retrato a lo largo de los años se muestran con las diferencias de la situación de cada momento vital pero siempre manteniendo la esencia, el carácter y el destino que constituye el yo.

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