Parece que todo ha quedado suspendido. Finiquitado en un paso en falso. Al estilo de esas películas que finalizan en un fotograma congelado que, sin fundir a negro, dejan la inquietud de que algo queda por contar. Interrumpido el discurso a mitad de una sílaba sin un sentido determinado, claro, concreto. Porque sí. Punto. La casa permanece en silencio. Sin el leve rumor eléctrico de ningún aparato, las cañerías vacías. El polvo posándose lenta e imperceptiblemente sobre todas las cosas. Ese polvo que no viene de ningún lado pero que emana en la soledad y el abandono de las cosas. Butacas, sofás, sillas, camas donde han descansado cuerpos, identidades que desconocemos. Tal vez cuerpos enfermos en sus momentos de clausura. Un entorno que fue el microcosmos de alguien y que espera a ser desahuciado por una reforma, un camión de mudanzas, un contenedor de basura.El pudor de forzar una intimidad suspendida en un lento desvanecerse para siempre. Saberse ignorante de qué puede ser, que puede significar aquella camisa, aquel libro. Una lámina, un tapete hecho a mano. El esfuerzo que supuso, dónde estuvo, el cuerpo que vistió.En interior inverso no sujetas una parte en la mano sino que un espacio te rodea. El vacío hace la estancia. Y sientes que la penetras con un permiso que no es suficiente. Mientras esperas escuchar qué pueden comenzar a decirte las cosas, el silencio es el primer respeto de esta violación de los restos de una intimidad. Seems it’s all down the drain. Over with a misstep. Like those movies that end with a freeze frame that, without going into blackout, suggest there may be a “be continued”. Speech interrupted in the middle of a syllable without a clear, concrete and understandable sense to it. Just because. Full stop. The house remains silent. No buzzing noise from an appliance, empty pipes. Dust falling slowly and imperceptibly on things. That dust that appears out of nowhere but conveys loneliness and abandonment. Armchairs, couches, chairs, beds where bodies have rested, unknown identities. Maybe sick bodies in their final moments. An environment that was someone’s microcosm now awaits to be evicted by a reform, a moving truck, a garbage container. Shame of forcing an intimacy suspended in a slow fading away. Acknowledging ignorance about what can it be, what can it mean, that shirt, that book. A print, a handmade tapestry. The effort it meant, where has it been, what body it covered. In the inverse inside, things are not held but a space surrounds you. Emptiness makes the space. And you feel penetrating with insufficient permission. While you hope to hear things they might tell you, silence is the first respect of this violation of the remains of an intimacy.