En el hic et nunc,  el aquí y el ahora, el aquí se ha ido disolviendo como una copia mal fijada.La reacción epoxy que otorgaba la identidad sólida con el aqui y ahora, y la fijaba en un lugar. La sobreactuación del lugar en un escenario de cartón piedra comenzó cuando las distancias se acortaron; entre estamentos, entre ciudades, entre hemisferios. Ya no pertenecemos a una comunidad que consideramos obligada y tan natural como la cartografía de nuestra casa, nuestro lugar en el mundo. Deviene a lugar desvaído y sin importancia. La mudanza de la casa del padre a un magma difuso de individuos que hacen fuerza para ser ellos mismos un lugar sin lugar, un ser sin ente, agregado, variable, sin locus. Esta transición hacia el no-lugar, el espacio negativo, madre de los primeros nacionalismos europeos y de lo apátrida internacionalista.  Algunos de estos internacionalistas han devenido en un nacionalismos sin fronteras (sic) que nos llega a caminar por la calle en un ahora sin aquí,consultando el teléfono, tropezamos y caemos.

Nada largo ni paciente ni  atemporal, nada que no envíe la señal fática del ahora, ahora, ahora existe en ningún lugar.

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