Eugène Atget. Flâneur lento. 

fotografía en sitios

Eugène Atget con setenta años retratado por Berenice Abbott unos días antes de su muerte y autorretrato con cuarenta. 

Eugène Atget salía casi todos los días con su pesada cámara sobre el trípode de madera y acero. Sentía que el mundo que conocía iba a desaparecer pronto y dedicó sus últimos treinta años a registrar la ciudad en la que vivía y por la que vivía. Podemos intuir aproximadamente la época por el tipo de emulsión empleada y su huella en la imagen pero Eugène tenía la elegancia atemporal y atemperada del hombre que sabe vestir para las épocas por venir. Camisa blanca, pantalón oscuro, el pelo ligeramente alborotado, ni largo ni corto. Vemos un flaneur tranquilo. El paradójico paseador que ve limitada su movilidad por los casi treinta kilos de su equipo fotográfico. Atget se sentaba en un café-tabac y esperaba que los edificios, los rincones y el vacío le llamara. Esperaba la vocación concreta y detallada; la vocación en sentido puro, lo que te llama y no a lo que esperas. No se forzaba a registrar los espacios vacíos de Paris sino que esperaba a que los lugares le llamaran. Levantaba su pesada cámara y permanecía allí durante horas para encontrar el punctum que quedaría interpretado en la imagen latente. Al revelar en el laboratorio no creo que mostrase ningún signo de alegría. No se suelen celebrar las fotos a los difuntos. Sus imágenes permanecen tan inamovibles como él mismo en su retrato, descansando en la emulsión del tiempo.


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